sábado, 5 de noviembre de 2016

Artículo 03


Así fue como 'Iván Márquez' le pidió perdón a Constanza Turbay Cote

El jefe guerrillero la buscó durante el primer receso del histórico encuentro con las víctimas.


Constanza Turbay Cote, la única sobreviviente de esta familia política del Caquetá, y quien estuvo el pasado fin de semana en el histórico encuentro de víctimas con la mesa de negociación entre el Gobierno y las Farc, en La Habana, define lo ocurrido allí como “el hecho más extraordinario” que le ha pasado en la vida. (Visite el especial: Víctimas, entre el dolor y el perdón).

Ella fue elegida para el primer viaje de 12 víctimas porque representa un caso emblemático de la guerra que ha sufrido Colombia: la violencia política, con secuestro y asesinato de por medio. (Lea también: Constanza Turbay esperó 19 años para preguntar a las Farc por qué mataron a su familia).

Su hermano Rodrigo, representante a la Cámara, fue secuestrado por las Farc el 16 de junio de 1995. Tras 22 meses, el grupo guerrillero comunicó que el político del Partido Liberal se había ahogado durante el naufragio de una lancha en la que lo movilizaban por el río Caguán.

Tres años más tarde, el 29 de diciembre del 2000, cuando había diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana, la columna Teófilo Forero interceptó entre Doncello y Puerto Rico (Caquetá) el vehículo en el que viajaban su mamá, Inés Cote, y su otro hermano, Diego, que era el presidente de la Comisión de Paz de la Cámara, y los mató. Con ellos asesinó a un amigo de la familia, a tres escoltas y al conductor que los llevaba a la posesión del entonces alcalde de Puerto Rico.

El encuentro con víctimas estaba organizado para que intervinieran seis y tras un descanso otra seis. Constanza fue la cuarta en intervenir del primer grupo.

“Estábamos en el receso y yo hablaba con otra persona. ‘Iván Márquez’ se me acercó y me dijo: “Lo de las Farc con tu familia fue un error muy grande, yo te pido perdón (...) Tu hermano Rodrigo era un gran hombre”

Constanza se emociona hasta las lágrimas cuando recuerda el momento. Ratifica, como lo dijo el sábado en la rueda de prensa con las víctimas en La Habana, que sintió que “ese pedido de perdón salió desde el corazón”.

Y llama la atención sobre la actitud de los jefes de las Farc. “Nos dijeron a todas que iban a responder con humildad, sin desfachatez”.

“Yo les había dicho que los saludaba con sentimientos de esperanza y de concordia. Quería decirles con eso que mi tónica era de reconciliación. Les relaté lo de mis hermanos, mi mamá, la toma de la hacienda por la Teófilo Forero, todo.

“Cuando recordé a mi hermano Rodrigo y después lo de mi mamá y Diego me salieron lágrimas. Les dije que era un oscuro acontecimiento y que no solo lloraba yo, sino el Caquetá. Que la guerra solo le había dejado pobreza y corrupción”.

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Articulo 02

Historia del Secuestro en Colombia


 
Fue en la mitad de la década de los 60, al tiempo que se conformaban y consolidaban las guerrillas de las Farc, el Eln y el Epl, cuando el secuestro empieza a multiplicarse vertiginosamente pues, este método despiadado termina convirtiéndose en un camino eficaz y rentable, capaz de financiar las actividades de los grupos armados ilegales.

La década del 70, y más aún la del 80, se caracterizará por esta práctica violatoria de los derechos humanos fundamentales donde los grupos armados ilegales y la delincuencia exigen millonarias sumas de dinero por la libertad de ejecutivos de multinacionales, ganaderos, hombres de familia de tradición en la región, diplomáticos, líderes religiosos y políticos.

En 1985, hubo una atroz toma de civiles que quedará para siempre grabada en la historia de Colombia, sus daños, secuelas y macabras huellas avivan aún en la nación, El M-19 se toma el Palacio de Justicia, murieron más rehenes que combatientes y once continúan desaparecidos. A partir de entonces el M-19 quedó liquidado.

Luego vino el uso del secuestro para lograr cambiar el curso de leyes penales y políticas nacionales. Pablo Escobar Gaviria, capo de la mafia para entonces fue el encargado de poner en práctica estos tipos de secuestro.

La cifra del secuestro llegaba entonces a más de 7000 víctimas denunciadas desde 1964 y se reportan más de mil secuestros por año, y lamentablemente con el tiempo esta cifra llegó a triplicarse. A través de un proceso de recolección de firmas Francisco Santos, ocho meses después de obtener la libertad y a través de la Fundación País Libre (creada por él) desarrolló un proyecto de iniciativa popular para combatir el secuestro, que más tarde se convirtió en la Ley 40 de 1993 o más conocida como el Estatuto Nacional contra el Secuestro.

Pero el secuestro no se detuvo. En 1996 se denunciaron 1038 secuestros. El país recuerda el secuestro del hermano de César Gaviria para entonces presidente de la república, quien dos meses después obtuvo la libertad.

En el país desde el año 2000 y hasta septiembre de 2007 se perpetraron 14.676 secuestros, de los cuales 1933 personas aparecen en la estadística aún en cautiverio. De ellos, 454 seguiría en poder de las Farc, 253 del Eln, 202 de los paramilitares y 171 de la delincuencia común, un gran número de casos (803) siguen sin establecer su autor.

Sin embargo, la complejidad estadística del delito es lamentable, hoy en día no existe verdadera claridad sobre el número de secuestrado en Colombia. Después de que Colombia reconocía una realidad estadística de 1933 personas en cautiverio, y otras fuentes hablaban de incluso más de 3000, incluyendo el no registro por la ausencia de denuncia, en abril de 2009 el panorama: cambió. Según el director de Fondelibertad, Harlan Henao, tras un año de análisis de cada uno de los 3307 casos registrados en el Centro Nacional de Datos como secuestrados en cautiverio hasta abril de 2009, 507 se encuentran libres o fallecieron.

De los 2800 casos restantes, el proceso de verificación adelantado por Fondelibertad en coordinación con las Fuerzas Militares, la Policía Nacional, el DAS, la Fiscalía General y el CTI, permitió establecer que 1173 no están en cautiverio.

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Artículo 01

Un día como cualquier otro, salió para la finca, ahí cerca a Ocaña.

Estaba recogiendo limones con papá, hablando de la familia, contestando sus preguntas sobre los nietos. Caminaban sabiendo, porque eso lo sabe uno desde siempre, que la zona les pertenece a ellos, no a los propietarios de las fincas, no a los campesinos o ganaderos, no, a ellos. Y uno sabe también que estas cosas pueden pasar. No los vieron venir. Cuatro hombres armados los detuvieron, le preguntaron a mi hijo cómo se llamaba y así, sin decir nada más, se lo llevaron.

Ya han pasado cinco meses y cinco días. La vida se convierte en un celular que no suena, que no vibra, que se niega a decirme lo que pasa. Hasta que por fin, una tarde, despertó. Era un número desconocido, pero lo supe desde el primer timbre. – Mamá, soy yo, Ramón, me tiene “retenido” el ELN, es un secuestro político y económico. Me han tratado bien, cuide a mi papá – Silencio. La cifra que nos piden para liberarlo no la podemos reunir, no tenemos cómo. La esposa de mi hijo les dijo, les rogó que investigaran bien, que miraran a quién tenían secuestrado, que entendieran la situación.
Las noches son muy largas. No tenemos paz en ningún momento, y me pregunto cómo estará sufriendo él, lejos de sus hijos, de su esposa y me digo: si nosotros estamos así, con la vida detenida, qué será de él. Ramón tiene una prótesis ocular, siempre ha sido propenso a las infecciones. ¿Qué pasa si se infecta? ¿Tiene los medicamentos necesarios? No duermo. El otro día, su esposa, llorando, me contó que mi nieta, de 9 años, siempre que piden un domicilio, le dice: mamá, ¿podemos mandarle de esto que tanto le gusta a mi papá allá donde está?, ¿podemos? Y ella no sabe qué contestarle, cómo explicarle por qué pasan las horas y los días y su papá no vuelve a casa.
Dos de mis hijos están en Bogotá, así que en Ocaña, además de mi esposo, está Ramón José, que siempre viene a almorzar. Llega el medio día y el timbre de casa no suena, cada almuerzo se volvió una tortura, una espera que no termina. Y así me paso la vida. Cuando logro conciliar el sueño me despierto a las dos o tres horas y me pregunto qué puedo hacer, a quién puedo llamar para que me ayude. Y es que destruyen todo. La vida de nosotros. Lloro y siento angustia, incertidumbre e impotencia.

No es la primera vez que a mi familia le pasa esto. Empezó en 1988, el día que secuestraron a mi cuñado Pedro Cabrales. Fue el EPL. Nunca volvió. Luego, cuando el duelo apenas pasaba, las FARC secuestraron a mi otro cuñado, Ramón, que tenía Lupus. Fue el 6 de junio de 1991. Mi esposo le dijo a la guerrilla que le aceptaran el canje por otro hermano que no estuviera enfermo. Le dijeron que no. Pero luego, un día, aceptaron. Lo citaron en una región del sur del Cesar. Primero llegó una chalupa y en esa se fue Federico, otro hermano. Al rato, cuando pensaba que lo habían engañado, apareció una segunda chalupa. Navegaba con el cadáver de Ramón.

La última prueba de supervivencia de mi hijo llegó en un papelito. Tenía fecha del 30 de noviembre, pero eso no nos dice nada de su estado, de cómo está él. El ministro de defensa, el señor Villegas, nos confirmó que sí lo tenía el ELN. Y nos dijo que antes de sentarse a dialogar con ellos, tenían primero que soltar a Ramón José. Ya no sé qué más decirle. Me está matando la tristeza.
Esta es una reproducción de una conversación que tuve esta semana con Marlene Camacho de Cabrales, la mamá de Ramón José, secuestrado por la guerrilla del ELN en Ocaña. Cada semana, cuando registramos noticias de los acercamientos entre el gobierno y el ELN, me pregunto qué sentirá doña Marlene. Por supuesto, no me puedo contestar. Y puedo pretender, en una falsa empatía, que imagino lo que siente una familia a la que someten a esta tortura. No. Termino de escribir este artículo, ustedes terminan de leerlo, y pasamos a otra cosa, al siguiente tema de moda. Marlene, en cambio, se repite esta historia una y otra vez. La vida detenida.

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